… EN EL PIE.

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Todo comenzó con el primer regalo de mi padre en las ferias de mi pueblo en 1.971. Mi primer contacto con un arma.

Un flamante rifle de caza, de carga frontal y de plástico. Munición: tres flechas-ventosas de calibre indescriptible y unos blancos de los animales más feroces de la tierra; a saber, un león, un rinoceronte y un oso. También ellos de plástico.

Con 6 añitos era el chaval más feliz del mundo. Y mi puntería a corta distancia era inmejorable. Orgulloso posaba en una foto de la época con mi rifle y mi sombrero de paja.

Pasados los años ya me eran familiares las palabras STAR, 9 mm parabellum, etc. Ambas de malos recuerdos en aquella época de atentados terroristas en nuestro país.

Y llegó la mili. Y los CETME, las Zeta, etc. Pero lo mejor fue tener en mis manos un Mauser 7 mm que pude disparar por mi buen hacer en los campos de tiro del ejército. Una experiencia inolvidable.

Me encanta la Pólvora. Soy de tres santos: Santa Bárbara, por cuestiones obvias; San José, por las Fallas y sus mascletás de la plaza del Ayuntamiento y San Juan, por las Hogueras y mascletás maravillosas de la Plaza de los Luceros.

Asistía a todas las que podía con la boca abierta para que no me reventasen los tímpanos.

Así que, en esta nueva andadura con el mundo de las armas, no puedo ser más prudente y recomendar a todos que es imprescindible LA FORMACIÓN;

Una buena limpieza del arma, para un buen manejo y mucha, mucha FORMACIÓN.

No vaya a pasarnos lo que le sucedió a nuestro amigo Froilán y nos peguemos un tiro… en el pie.